Ciudadano Iturbidense

Otra mirada a la actualidad de San José Iturbide, Guanajuato.

noviembre 10, 2007

Agenda Ciudadana

Las clases y sus luchas de norte a sur

Lorenzo Meyer
Jueves, 08 de Noviembre de 2007

LA VARIABLE EXPLICATIVA

Para entender el predominio actual de la derecha tanto en México como en Estados Unidos, hay que voltear a Marx de cabeza. En efecto, es la política y no la economía la que determina la naturaleza de la distribución de la riqueza.

DISTINTOS PERO PARECIDOS

México y Estados Unidos se parecen entre sí tanto como un oso y un puercoespín, para emplear los términos que eligió el ex embajador norteamericano en México, Jeffrey Davidow, cuando tituló así el libro en que analizó la relación entre los dos países. Sin embargo, aún entre vecinos tan distintos y distantes hay algunas semejanzas históricas que, por excepcionales, vale la pena explorar pues permiten entender mejor algunos elementos de sus respectivas dinámicas sociales.

Una de esas áreas que alientan la comparación por semejanza entre México y su vecino del norte, es la del ciclo histórico de disminución y aumento de la desigualdad social, proceso que, por razones distintas, se inició al mismo tiempo en ambos países en el siglo XX. Aunque en México ese impulso hacia una sociedad más justa empezó a perder fuerza mucho mas temprano hoy los dos países han vuelto a coincidir en su tendencia a la desigualdad.

LA EVOLUCIÓN PROGRESISTA EN EL NORTE

Paul Krugman es profesor de economía y relaciones internacionales de la universidad de Princeton, muy reconocido tanto por sus contribuciones teóricas como por ser un intelectual público que sostiene opiniones críticas en relación a la dirección que ha tomado la sociedad norteamericana en los últimos treinta años. El también articulista de The New York Times, acaba de publicar La conciencia de un liberal, (The Conscience of a Liberal , Nueva York, W. W. Norton), donde aventura una explicación histórica de la evolución social norteamericana en el último siglo y que no resulta del todo diferente a la experiencia mexicana.

Su punto de partida es que el desarrollo capitalista por si mismo no lleva a que, con su maduración, la acumulación de la riqueza se distribuya de manera menos injusta. Según este autor, la idea detrás de la llamada por los economistas “curva de Kuznets” no es que la desigualdad en el capitalismo vaya disminuyendo con el correr del tiempo como resultado natural de las fuerzas impersonales del mercado. Si la desigualdad disminuye es por razones políticas y no por la lógica del modelo económico y así lo confirma la experiencia norteamericana. Fueron factores eminentemente políticos los que disminuyeron, y en muy corto tiempo, en los 1930 y 1940 una desigualdad que se había vuelto endémica.

Fue la crisis política y social provocada por la Gran Depresión de 1929 lo que llevó a que el partido Demócrata encabezado por un político proveniente de las clases altas pero inteligente –Franklin D. Roosevelt- triunfara con el “Nuevo Trato” como plataforma y luego impusiera, en nombre de la emergencia bélica provocada por la II Guerra Mundial, una serie de controles sobre la producción y los salarios que dio como resultado una gran redistribución de la riqueza a favor de los asalariados. A la Gran Depresión le siguió, pues, “ La Gran Compresión ”: un esfuerzo por disminuir los extremos de riqueza y pobreza, dando por resultado una sociedad donde sus clases medias eran dominantes.

Las administraciones republicanas de Dwight Eisenhower y Richard Nixon no alteraron ese panorama que prevaleció hasta la llegada de Ronald Reagan al poder en 1981. Bajo su impuso se “descomprimió” a la sociedad norteamericana mediante una política económica de la desigualdad y del retorno a la plutocracia.

Unas cifras simples y contundentes resumen el cambio inicial: sí en los “alegres 1920” los super ricos –el 0.1% de la población- controlaban el 20% de la riqueza nacional pero en 1950 ya sólo era propietaria del 10%. Sin embargo, hoy las cifras de la distribución del ingreso dicen que los privilegiados norteamericanos han recuperado todo el terreno perdido y la clase media está a la defensiva y retrocediendo. La lucha de clases existe y la plutocracia de nuevo la va ganando.

LA EVOLUCIÓN EN EL SUR

Como ha demostrado una investigación de Mauricio Cruz, (tesis de maestría en historia, UNAM, 2006) el “Plan Sexenal” del cardenismo tomó forma de manera independiente del “Nuevo Trato” rooseveltiano. Así, dos populismos –hay que resaltar que aquí el concepto no se usa en términos derogatorios sino en los de la ciencia social-- tomaron forma al mismo tiempo, el americano apoyó al mexicano y ambos cambiaron sustantiva y positivamente a sus respectivas sociedades haciéndolas mas justas.

La raíz del cardenismo no es realmente la Gran Depresión –entre otras cosas porque entonces México no estaba tan ligado al mercado mundial- sino la lógica de los cambios desatados por la revolución pero que aún no cuajaban. Sus instrumentos principales fueron el PNR transformado en PRM, la reforma agraria, el impulso a la sindicalización y la expropiación petrolera, todos productos de una lógica básicamente política.

El impulso cardenista fue revertido por Miguel Alemán, aunque todavía sus sucesores se vieron obligados a adoptar elementos del populismo cardenista como ese homenaje que el vicio hace a la virtud. En fin, que la crisis económica de 1982 coincidió con el ascenso rápido, casi vertiginoso, de la derecha neoliberal norteamericana. De la Madrid y todos los presidentes que le siguieron, con el apoyo abierto y entusiasta de los plutócratas mexicanos, aprovecharon la coyuntura para acabar con los vestigios del cardenismo –sólo les faltó privatizar PEMEX-, dar forma al Tratado de Libre Comercio y unir su pequeño cabús a la gran locomotora norteamericana a la que, dicen, la impulsa no el interés de los pocos sino de la “lógica impersonal del mercado”.

El resultado del cambio mexicano ha sido la combinación de la mediocridad del crecimiento económico con unas de las concentraciones privadas de riqueza más grandes del mundo.

LA REGRESIÓN

Krugman explica que el factor del miedo ha sido determinante para que una parte de la clase media estadounidense haya votado por un Partido Republicano que de Reagan a los Bush ha dado forma a una sociedad muy desigual. En el sur norteamericano se experimentó un miedo racista a la posibilidad que las políticas redistributivas del Partido Demócrata terminaran por permitir que los descendientes de los esclavos tuvieran una genuina igualdad de oportunidades. Luego, tras la imposibilidad de derrotar cabalmente a los comunistas en Corea, seguido por la persistencia de la Cuba socialista, la derrota en Vietnam y finalmente la humillación provocada por el secuestro de los diplomáticos norteamericanos en Irán, los republicanos inyectaron el miedo a la “debilidad” de los demócratas frente a la amenaza comunista y del radicalismo islámico.

Fueron esas pesadillas, y no un mal funcionamiento de la economía ni el entusiasmo de la mayoría por una política de disminución de impuestos a los que más tienen y de debilitamiento del sistema de seguridad social, lo que llevó a buen número de norteamericanos de clase media, a apoyar electoralmente a la derecha extrema republicana y poner fin al “Nuevo Trato.”

En México, fue la tecnocracia del PRI la primera en usar lo acumulado por el sector público para crear Solidaridad y los programas que le sucedieron, para dar apoyo temporal a los pobres mientras recreaban o afianzaban los monopolios privados –Telmex es el caso más notable pero no el único- junto con las enormes fortunas de la clase política. Y, desde luego, esa derecha también se benefició de los recursos fiscales producto del aumento de los precios del petróleo para impedir una auténtica reforma fiscal. El recambio democrático de la derecha priísta por la derecha panista, realimentó una legitimidad que ya se tambaleaba. Sin embargo, cuando en el 2006 existió la posibilidad de un triunfo de la izquierda en las urnas, la derecha mexicana, como la americana, uso muy bien el elemento del miedo para recoger el voto de la clase media y de una parte de las clases populares.

EL FUTURO

Krugman confía que la racionalidad del votante de su país, aunada al descomunal fracaso de la política exterior de la derecha radical de su país, vuelva a dar el triunfo al partido demócrata en el 2008 y que ese partido regrese a la política redistributiva del pasado.

En México, el futuro inmediato aparece menos favorable. Sin embargo, nada esta escrito. Lo último que debemos de hacer es perder la esperanza de un nuevo vuelco hacia la equidad, aunque debe quedarnos claro que ese cambio no puede provenir de “las fuerzas impersonales del mercado” sino de las muy personales del esfuerzo político.

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octubre 31, 2007

Agenda Ciudadana

Lorenzo Meyer
Una enfermedad profesional peculiar
Jueves, 25 de Octubre de 2007

INTENTO DE EXPLICACIÓN

El ex presidente de México, Vicente Fox, pareciera empeñado en permanecer en el ojo del huracán de eso que puede llamarse la “pequeña política” mexicana, una actividad que poco o nada tiene que ver con la grandeza del ejercicio del poder y si mucho –todo- con sus miserias. Vale pues la pena tomar ese caso para discutir un problema mayor: la enfermedad profesional del político. La distorsión de la personalidad como resultado del ejercicio del poder y que, finalmente, daña no solo a quien la padece –eso es lo de menos- sino a la sociedad toda.

El intento por explicar la conducta del ex presidente, así como la reacción que han suscitado, puede tomar varios caminos. Un columnista de The New York Times, David Brooks, sugiere adentrarnos en el “Yo-ismo”. El término no es elegante pero si adecuado ya que el “Yo” es un concepto al que Sigmund Freud y la psiquiatría le han sacado mucho provecho como ego, súper ego e id.

El Mal . Lo que el escritor norteamericano Scott Fitzgerald señaló en relación a los ricos –“no son como nosotros”- se puede decir también de los políticos. Los profesionales de la política son esa minoría que ha hecho de la adquisición, ejercicio y retención del poder público su razón de ser, y que en ese empeño tienden a transformarse cuantitativa y cualitativamente al punto que terminan por ya no ser “como nosotros”, la mayoría. En algunos casos, esa diferencia es muy positiva –por ejemplo, Mahatma Gandhi o Nelson Mandela, para solo citar ejemplos del inicio y del fin del siglo XX-, pero lo que abundan son los casos dañinos e incluso catastróficos para millones, como bien lo demostraron Hitler o Stalin.

En términos generales, al inicio de su carrera, el político profesional puede ser o parecer una persona normal, pero la esencia de su actividad (o vocación) es un elemento muy peligroso que tiende a provocar su cambio pues, como lo advierte Brooks, la política es una profesión altamente contaminante. Y es que los profesionales de esa actividad se enfrentan sistemáticamente a un conjunto de factores muy fuertes que de manera directa o indirecta, tienden a crear o acentuar los elementos negativos de su personalidad: egoísmo, inseguridad, orgullo, envidia, sadismo, ansia de dominio, de acumulación de bienes materiales, etc. Ese cambio fácilmente puede alcanzar niveles patológicos. Una posición de poder en personalidades con esas deficiencias –¿y quien no las tiene en alguna medida?- juega el mismo papel que los nutrientes de un caldo de cultivo en las bacterias: sirve como disparador de un crecimiento rápido, anormal, de ciertos rasgos de personalidad.

EN EL VIEJO SISTEMA

En México, como en muchas otras partes, el político se tiene que someter a un proceso que erosiona o de plano destruye ciertas conductas y alienta otras que lo alejan de los patrones de normalidad. En el viejo régimen priista, por ejemplo, el político que ingresaba al Partido de Estado tenía que aceptar el sometimiento total a la voluntad del superior, ya que dejar el partido o ir a la oposición era el “vivir fuera del presupuesto es vivir en el error” (Cesar Garizurieta). Si el Jefe del Ejecutivo decía que había que ir a la izquierda (Cárdenas) pues allá iba; si decía que se debía marchar por la derecha (Alemán), por ahí marchaba. Si el presidente decía que los bancos debían ser nacionalizados (López Portillo) pues se le apoya por patriotismo; y si luego decía que se tenia que privatizar (Salinas), también se le apoyaba, por patriotismo. La contradicción era una forma de sobrevivir.

El viejo sistema exigía no tener lealtad a ningún conjunto fijo de políticas o valores y nunca poner en duda la visión del presidente en turno. Esta sumisión extrema no era la única manera de triunfar, pero sin ella nadie llegaba a una secretaria de Estado, gubernatura, diputación, senaduría, empresa paraestatal, Suprema Corte, etc. Cada seis años un giro de la suerte ponía en la presidencia u otro puesto de mando a uno de los miles de sumisos disponibles. Entonces, su biografía de humillaciones pasadas era hecha a un lado y, ahora, para compensar, infligía humillaciones sin cuento a sus colaboradores e, indirectamente, a toda la sociedad. El resultado fue un sistema político dominado por personalidades como las de Luís Echeverría que de subordinado extremo se transformó en un megalómano que solo la bancarrota de la balanza de pagos pudo detener, aunque no antes de que sumiera al país en una crisis política y económica.

EN EL NUEVO SISTEMA

A diferencia de quienes le antecedieron –de Calles a Zedillo-, Vicente Fox no ganó la presidencia por haberse subordinado y humillado ante el poder, ni tampoco por haberse sometido a la voluntad de la oligarquía que dirigía su partido –Diego Fernández de Cevallos, et. al. Las influencias destructivas vinieron de otro lado, de uno inherente a la democracia política moderna.

En primer lugar, en el nuevo sistema el precandidato debe destruir públicamente la imagen de aquellos que, dentro de su propio partido, le disputan el puesto. Luego, ya en la campaña, debe proceder a destruir la imagen pública de los contendientes. En este proceso todo el discurso del candidato se centra en el “Yo” de manera abierta, incluso obscena. En efecto, la campaña obliga a dar rienda suelta a algo que el individuo normal debe reprimir, si no por convicción, por elegancia: el auto elogio. El candidato tiende a decir a voz en cuello y a todas horas, “yo soy el mejor, el único”. Aquí se debe contravenir el principio evangélico “que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda” pues la humildad resulta un pecado capital y alienta a hilvanar un rosario interminable de yo-ismos: “yo he dicho”, “cuando yo fui gobernador, yo hice…”, “cuando yo fui responsable de la empresa, su eficiencia fue mayor que nunca”, “con mi conducta yo he demostrado que…”, “cuando yo llegue, yo haré lo que otros no han podido, por corruptos o por cretinos”. Es indispensable atacar al adversario sin respeto, sin apego a la verdad: “ese otro es un peligro para México”, “ese otro es un mandilón”, “ese otro es un deshonesto”, “ese otro es un inepto además de corrupto”, etc.

Durante la campaña y ya en el poder, el político exitoso de antes pero también el de ahora, tiende a ver a los otros como simples medios, no fines, en función de que tan útiles le son como instrumentos, “para que me sirven”. Si el gobierno anterior fue de otro partido o régimen, como efectivamente fue el caso con Fox, entonces hay que recordar constantemente que “yo estoy haciendo lo que por años los otros no pudieron o quisieron”. La estrategia de este tipo de político –y esto fue particularmente cierto en el caso de Fox- se centró en presentar la mejor imagen “de mi”.

En el caso de Fox, a diferencia de otros sistemas, la reelección no era posible. Ello le llevó a un punto culminante del “Yo-ismo”: trasladar su imagen positiva a su “otro yo”, Martha Sahagún. Gracias a los manejadores de imagen, hasta los errores se convirtieron en aciertos y según su ex vocero, Rubén Aguilar, el grueso de las declaraciones absurdas del entonces presidente, fueron celebradas y presentadas como aciertos. Fox, según confesión propia y siguiendo la costumbre de un antecesor priista, Carlos Salinas, ni leía ni oía a los críticos y solo se concentró en los que reforzaban su imagen positiva. Al final, sus acciones para impedir el triunfo electoral de la izquierda, calificadas de impropias por el Tribunal Electoral del Poder Judicial, le fueron celebradas por todos los poderes fácticos –los dueños económicos del país- y Fox se vio a sí mismo no sólo como el verdadero arquitecto de la victoria de su sucesor sino el salvador del país.

EL RESULTADO

Solo personalidades fuertes, una minoría de políticos, logran sobreponerse a los efectos corrosivos de su profesión y conservar o recobrar su humanidad. No fue ese, desde luego, el caso de Fox. Tampoco es difícil entender que tras años de “Yo-ismo” ahora le sea imposible dejar el centro del escenario o que no le parezca mal que en un país de pobres el ex servidor público viva conforme lo demanda su “Yo”, en la opulencia, y le tenga sin cuidado la oportunidad histórica que desperdició: el no haber podido ser el símbolo de una nueva moral y de una nueva sensibilidad en un México muy dañado por su clase política, lograr que una población centenariamente descreída de sus gobernantes y de la autoridad se identificara finalmente con el nuevo régimen. En fin, la enfermedad profesional de los políticos hizo presa en grado agudo del ex presidente Fox y todos hemos salido muy afectados.

agenda_ciudadana@hotmail.com

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septiembre 28, 2007

Agenda Ciudadana

RESUMEN: “DESDE ESTADOS UNIDOS, Y A CONTRACORRIENTE, RAMON EDUARDO RUIZ ELABORO UNA VISION DE LA HISTORIA DEL PAIS DE SUS PADRES MAS CONGRUENTE QUE LA DE MUCHOS DE SUS COLEGAS MEXICANOS”

Congruencia

Lorenzo Meyer

Jueves, 27 de Septiembre de 2007

Mientras buscaba material para una investigación, me tope con una carta a The New York Times que apareció el 4 de octubre de 1968 pero fechada tres días antes, justo en vísperas de la masacre de Tlatelolco. Su tesis era tan clara como a contracorriente de la opinión dominante de su tiempo y lugar: el movimiento estudiantil de protesta, sostenía su autor, demostraba que tanto el sistema político como el económico de México estaban lejos de ser el modelo a seguir en América Latina que pretendía Estados Unidos. En realidad, el caso mexicano mostraba que: “el progreso industrial sin justicia social sólo agrava los problemas políticos”.

Cuatro decenios más tarde y en otro artículo de opinión, el mismo autor sostendría, ya en su calidad de profesor emérito de historia, que las elecciones mexicanas del 2006 habían sido las más cruciales y reveladoras desde los 1860. Y es que la jornada electoral de seis años atrás, la del 2000, no había sido realmente tan determinante como se pretendía, pues finalmente el ascenso de Vicente Fox solo había servido para que “un PRI conservador fuera reemplazado por un PAN conservador”. En contraste, si bien en el 2006 la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador había fracasado por apenas “un margen microscópico”, su desafío al status quo había servido para hacer evidente el fracaso de la oligarquía gobernante al imponer la ortodoxia económica neoliberal elaborada por “el vecino imperial del norte”, (Chronicles, Newsletter of the UCSD Emeriti Association, Noviembre, 2006, Vol. VI, N° 2).

EL PERSONAJE

Como consecuencia de la destrucción y disolución del ejército federal en 1914, Ramón Eduardo Ruiz Urueta -él es el autor de la carta y del artículo que acaban de ser citados-, nació en Estados Unidos en 1921. Su padre, había sido oficial de la pequeña armada federal y por ello se había tenido que exiliar en el país del norte. Ramón Eduardo y su hermano sirvieron como oficiales en la fuerza aérea norteamericana durante la II Guerra Mundial –pocos jóvenes de origen mexicano tuvieron esa condición- y más tarde obtuvo su doctorado en la Universidad de California, en Berckeley, algo igualmente raro entre los mexicano-americanos de la época. A partir de 1955 y ya como académico, fue profesor en varias universidades y centró su trabajo en el análisis histórico de las dinámicas que explican los procesos políticos tanto de México como de Cuba.

El libro del profesor Ruiz The Great Rebellion. México, 1910-1924, apareció en 1980 y la tesis principal de la obra chocó con la ortodoxia que sostenía en torno al fenómeno tanto el mundo académico como el régimen priista. En efecto, lo que había ocurrido en nuestro país entre el levantamiento maderista y el inicio de la consolidación del nuevo régimen no había sido realmente una revolución sino una de las últimas grandes rebeliones populares. La lucha que azotó a México al inicio del siglo XX no correspondía a la definición de revolución, pues finalmente la violencia y las demandas generadas por el levantamiento campesino no llegaron a poner en entredicho la naturaleza capitalista del sistema económico que se estaba consolidando en México. Carranza y los sonorenses derrotaron a la contrarrevolución pero también aplastaron a las alternativas radicales y terminaron por hacer compatible su muy limitada reforma agraria y la organización del incipiente moviendo obrero, con la profundización del capitalismo mexicano, un capitalismo que como lo quedaría muy claro en otro trabajo – The People of Sonora and Yankee Capitalists, (Tucson: University of Arizona Press, 1988)-, desde sus inicios y hasta el día de hoy resultó dependiente del norteamericano.

Finalmente, solo durante la presidencia del general Lázaro Cárdenas la acción gubernamental sirvió para intentar una transformación a fondo de la sociedad mexicana –la primera desde la independencia y la única hasta la fecha-, pero lo acontecido en los 1930, aunque importante en si mismo, ya no fue una revolución, sino una gran reforma social desde arriba y que por lo mismo en el decenio siguiente pudo ser revertida.

De entre todos sus trabajos publicados –15 libros- el profesor Ruiz le tiene particular gusto a su interpretación de México: Triunfos y tragedia; una historia del pueblo mexicano, (Triumphs and tragedy. A history of the Mexican people, Norton, 1993), una visión general del proceso histórico desde los olmecas, pasando por la colonia y la independencia hasta llegar a la época contemporánea. Una obra densa pero de la que no está ausente la ironía que acompaña a la prolongada tragedia de los últimos cinco siglos, donde los triunfos han sido unos cuantos y esporádicos. La tragedia está subrayada por la dureza hacia la población indígena de la dominación colonial, la dependencia e inestabilidad económicas y por la corrupción e ineptitud de las elites que han conducido a México en los últimos doscientos años, que además resultaron particularmente serviles frente a los poderosos vecinos del norte.

LA CONVERSACIÓN

El paso del tiempo, el propio, el del país y el del mundo, no ha hecho variar el juicio del profesor Ruiz, al contrario, lo ha reafirmado. En la actualidad está concluyendo un nuevo libro cuyo título tentativo es una pregunta que ya se había hecho Alexander von Humbolt hace un par de siglos pero que sigue tan vigente hoy como entonces: “México: por qué los pocos son ricos y su pueblo pobre” (Mexico: why the few are rich and the people poor) que ojala fuese traducido y publicado en español.

Y es aquí donde entra el asunto de mis conversaciones con el mexicanista por voluntad y por raíz familiar. Para el profesor Ruiz, las causas del atraso económico mexicano, sus repetidos fracasos para superar su lastimosa condición actual, están fundamentalmente en las estructuras que se crearon en la época colonial y que en más de un sentido perviven hasta hoy, aunque transformadas para adecuarse a nuevas circunstancias. Se trata de un círculo vicioso –maldito- del que una Nueva España organizada en función del mercado externo –la explotación y exportación de metales preciosos- no ha podido salir a pesar de haberse convertido en nación políticamente independiente. El porfiriato reprodujo la relación subordinada frente al mercado externo y el Tratado de Libre Comercio de la América del Norte (TLCAN) la ha vuelto a reafirmar.

Para el profesor emérito de la Universidad de California en San Diego, que finalmente seria de los primeros en ostentar la doble nacionalidad norteamericana y mexicana y a quien el presidente Clinton entregaría la Medalla Nacional en Humanidades, la historia mexicana se puede resumir en la reproducción secular y sistemática de pequeños grupos económicos muy poderosos ligados al mercado externo o a la protección que les ha dado el Estado en ciertos nichos del mercado interno.

Desde la perspectiva anterior, el juarismo y el porfirismo serían meras variantes de un mismo tema. En todos los tiempos el mercado local ha sido explotado pero rara vez se ha buscado desarrollarlo –la excepción sería el cardenismo. Desde esta perspectiva, resulta que el conservador Lucas Alaman aparece como un elemento mas revolucionario que José Maria Luís Mora, por citar a su contraparte liberal.

Para Ramón Eduardo Ruiz no hay duda que los modelos económicos a lo largo de cinco siglo siempre han sido acompañados de racismo, oficial e institucional en la colonia y soterrado pero igualmente real y efectivo en el México del siglo XIX o en el de nuestros días. La visión que tiene de los intelectuales mexicano, desde Melchor Ocampo y Guillermo Prieto hasta muchos de los actuales, es que solo una minoría jugó el papel que Gramci consideraba su misión central: tener su raíz en el pueblo, darle voz a sus demandas y expectativas para terminar siendo un acicate del cambio.

En realidad, y como bien lo hubiera aceptado Guillermo Bonfil, la clase intelectual mexicana sucumbió a la tentación de alejarse del “México profundo” para ser simplemente la contraparte local –copycats- de las visiones y los enfoques dominantes en Europa o Estados Unidos. Y el mismo fenómeno se volvió a dar en el siglo XX, con notables excepciones, entre los que destacan con especial fuerza y grandeza los muralistas.

No sin tristeza y con una buena dosis de enojo, don Ramón concluye que Mexico pudo haber sido un gran país pero que finalmente no lo fue. Y es que el cambio real, efectivo, le ha resultado particularmente difícil: la historia ha acumulado innumerables obstáculos a su paso y ha dificultado su remoción. Ese es, hasta ahora, el corazón de nuestros triunfos esporádicos y nuestra tragedia persistente.

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septiembre 23, 2007

Vicente Fox, el presidente más corrupto de la historia de México

Va un fragmento del reportaje principal del Proceso 1612, publicado esta semana.
Horizonte sin límites...
Verónica Espinosa y Rodrigo Vera

No es un rancho, no son dos… son tres las propiedades que, juntas, componen la enorme extensión de la que Vicente Fox se ha hecho en el estado de Guanajuato. Fueron necesarios dos reporteros por tierra, y un fotógrafo en una avioneta, para poder ofrecer a los lectores de Proceso un acercamiento al paraíso que comparten el expresidente y su actual esposa, Marta Sahagún. “Quien quiera atravesar caminando todas sus propiedades, téngalo por seguro que no acabará de caminar y caminar en todo un día…”, sintetiza un ejidatario de San Cristóbal. Son los dominios del endeudado empresario agrícola que en menos de seis años se convirtió en un acaudalado terrateniente, sin dejar testimonio de ello en sus declaraciones patrimoniales.

SAN CRISTÓBAL, GTO.- Después de ser un “malísimo” empresario agrícola que estuvo a punto de caer en la bancarrota, el expresidente Vicente Fox es hoy un próspero terrateniente, dueño de miles de hectáreas con sembradíos y tierras de agostadero que se extienden a los costados de la carretera León-Cuerámaro, en la fértil región del Bajío guanajuatense.

“Poco a poco el señor Fox se está quedando con muchas tierras de por acá. Quien quiera atravesar caminando todas sus propiedades, téngalo por seguro que no acabará de caminar y caminar en todo un día”, afirma don José Manuel Cruz, un viejo ejidatario de la comunidad.

Para demostrar su dicho, apunta hacia la verde llanura salpicada de pequeñas lagunas que, como espejos, destellan al sol y reflejan la marcha de las nubes algodonosas.

–Mire, por allá en lo plano don Vicente tiene muchos sembradíos de hortalizas, que después empaca en su congeladora y manda exportar.

Luego señala hacia unos montes del lado opuesto y agrega:

–Y allá en aquellas laderas cultiva agave. Puro maguey del bueno. Por ese mismo rumbo tiene rete hartas cabezas de ganado fino. Muchas andan desbalagadas en el monte.

–¿Tanto terreno tiene?

–¡Sí, señor! Muchísimo terreno. Tan sólo a nosotros, los ejidatarios, la familia Fox hace años nos arrebató 900 hectáreas. Ahora don Vicente las juntó con las cerca de 2 mil hectáreas que ya tiene en la pura zona de la planicie. Sin contar los montes de agave y agostadero que después compró.

El corazón de estas vastas extensiones es el casco de la Hacienda San Cristóbal, la vieja propiedad de la familia Fox, donde el rico exmandatario calcula invertir 12 millones de dólares para transformarlo en el llamado Centro Fox.

“Me iré a vivir al rancho San Cristóbal”… “Me retiraré al rancho”… solía repetir una y otra vez poco antes de dejar la Presidencia.

Ahora dice que ya vive en el “rancho”. Pero sin precisar que no habita propiamente en el casco de la hacienda, el extinto hogar familiar donde actualmente sólo vive su hermana Martha, en compañía de su servidumbre.

En realidad, el exmandatario hoy alterna su residencia entre las dos suntuosas casonas que se mandó construir y desde las que –en su dorado “retiro”– vigila sus vastas propiedades y la construcción del Centro Fox: una es la residencia de La Granja, ubicada en la fértil planicie donde cultiva sus hortalizas, y la otra es el conjunto de elegantes cabañas de La Estancia, encaramadas allá arriba, en uno de los cerros que tapizó de magueyes.

A caballo, en jeep o en camioneta Hummer, don Vicente sube a La Estancia o baja a La Granja. Va y viene, escoltado siempre por un grupo de guardaespaldas armados, a la manera de un señor feudal.

Oye misa los domingos en la parroquia de la comunidad de San Cristóbal, donde él y su familia tienen un lugar especial: un recinto en penumbra con mullidos reclinatorios, ubicado a un costado del altar. Ahí están las criptas en mármol de los padres de Fox.

Las casas del exmandatario están abiertas para recibir a personajes de la política o a sus influyentes amigos que vienen a visitarlo: estuvo el presidente estadunidense George Bush, Felipe Calderón siendo presidente electo de México, el cardenal Norberto Rivera Carrera, o los magnates de la prensa Olegario Vázquez Raña y Juan Francisco Ealy Ortiz, entre otros.

La Granja

A unos 17 kilómetros de la caótica ciudad de León, por la carretera a Cuerámaro, se atisba a mano izquierda un impecable camino asfaltado sombreado por pirules. Bloquea el paso una caseta de vigilancia pintada de verde y con cristales polarizados. Es el camino que –dos kilómetros más adelante– desemboca en la residencia de La Granja, junto a la cual se instalaron las nuevas oficinas de la fundación Vamos México.

Fue aquí donde Fox y su esposa Marta Sahagún posaron para el número reciente de la revista Quién. Actualmente la lujosa residencia tiene un enorme lago y una alberca bordeada de palmeras. Por sus jardines deambulan venados y pavos reales. A Marta y Vicente los atiende –según presumieron a esa revista– un “chef que se trajeron de Los Pinos”.

Originalmente, La Granja era una modesta casa donde vivió Fox con su primera esposa, Lillian de la Concha, y los cuatro hijos que ambos adoptaron: Ana Cristina, Vicente, Paulina y Rodrigo.

La Granja –a la que también se le llama el “rancho oficial” de Fox– fue totalmente remodelada a marchas forzadas, con el pretexto de la visita que hiciera George Bush en febrero de 2001. El diseño estuvo a cargo del arquitecto Humberto Artigas y las obras las ejecutó el constructor Cosme Mares, supuesto prestanombres de Fox, relatan Anabel Hernández y Arelí Quintero en su libro La familia presidencial. El gobierno del cambio bajo sospecha de corrupción.

Artigas le dio un toque new age mexicano a la construcción. Cambió techos y paredes. En aquellos colocó enormes vigas de madera y sustituyó los muros por columnas de piedra para abrir los espacios.

En las recámaras se pusieron duelas de madera en el piso y puertas rústicas para hacer juego. Tiene una cancha de tenis y un gimnasio con jacuzzi. Se construyó un amplísimo salón de juegos de puro mármol. Y para los huéspedes, se levantó una casa de dos pisos.

El rediseño incluyó la decoración de interiores, en los que ahora puede apreciarse, por ejemplo, una colección de lujosas sillas de montar, alarde de la talabartería mexicana.

En mayo del año pasado, en La Granja se celebró la boda de Paulina, una de las hijas de Fox. Se dispuso de 70 vehículos para transportar a los 500 invitados que fueron al festejo, entre ellos los empresarios Olegario Vázquez Raña, dueño del periódico Excélsior y del Grupo Ángeles; Roberto González Barrera, de Maseca; Adrián Sada, del Grupo Vitro. También asistieron funcionarios del entonces presidente, como Reyes Tamez, Pedro Cerisola, Rodolfo Elizondo, Fernando Canales Clariond y varios más.

Paulina recibió una bendición apostólica del Papa Benedicto XVI, en la que le deseaba “continua felicidad en su matrimonio”, el cual debería estar “impregnado de amor fiel y sincera entrega”.
(...)

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septiembre 20, 2007

Agenda Ciudadana

Lorenzo Meyer
Los centenarios y su sentido
Jueves, 20 de Septiembre de 2007
Publicado en Correo y Reforma

LA PERSPECTIVA

Como bien lo señalara un clásico -Benedetto Croce-, al final de cuentas toda historia es contemporánea. En efecto, escriba sobre lo que escriba y lo haga desde la perspectiva que lo haga -desde un punto de vista conservador o progresista, desde los cánones de una escuela o de otra- el historiador siempre terminara por ser hijo, y en buena medida prisionero, de su época. Su narrativa reflejara no sólo el carácter, biografía o enfoque personales sino también los temas dominantes, los prejuicios, conflictos, aspiraciones o temores de su sociedad y tiempo. Necesariamente, la celebración en puerta del centenario de la Revolución Mexicana y del bicentenario de la Independencia van a presentar visiones del pasado que terminarán por ser otras tantas lecturas en conflicto del México actual.

CRISIS

Se ha dicho y con justa razón que las crisis -las guerras, las revoluciones, el fracaso y transformación de los arreglos institucionales, los cambios en los sistemas económicos, las divisiones internas, etcétera- son las madres de las historias, al menos ese ha sido el caso en la tradición occidental. Pues bien, los dos aniversarios que oficialmente se observarán en el 2010 son precisamente sendas crisis nacionales que van a tener que ser conmemoradas desde la perspectiva de otra crisis: la actual. Desde luego que la nuestra es de menor dimensión pero toca fibras muy sensibles de la sociedad pues esta caracterizada por la falta de dinamismo de la economía, la ausencia de un acuerdo político en lo esencial y el crecimiento de las diferencias materiales y culturales entre clases y regiones, entre otros indicadores.

PERSPECTIVA

Una de las maneras de dar sentido al presente y al futuro es reinterpretando al pasado. La pregunta de donde estamos y a donde vamos puede ser contestada mediante el examen de donde venimos o más precisamente, de las opciones que se tomaron en un ayer que sigue teniendo significado hoy. Obviamente que entre más distante sea el pasado menor su capacidad de darle sentido al presente, aunque tal capacidad nunca la pierde del todo. Sin embargo, tratándose de lo ocurrido hace apenas cien o doscientos años y cuando México se topó con bifurcaciones llenas de posibilidades, el pasado está absolutamente cargado de significados, y desentrañarlos es o debiera ser, el gran reto de los encargados de interpretar los mensajes que ese pasado nos está enviando.

EL BICENTENARIO

El arranque de la independencia que se va celebrar en tres años es realmente, el inicio de una gran revuelta racial en el centro geográfico y económico de la Nueva España, la "joya de la Corona" del imperio español en América. En su origen, la sublevación encabezada por Miguel Hidalgo y un puñado de criollos no se presentó como un reclamo de independencia, pese a que ya había en América dos ejemplos muy claros en ese sentido: Estados Unidos y Haití. Los líderes rebeldes simplemente atacaron al "mal gobierno" pero no al régimen imperial. En el inicio, Hidalgo y los suyos tampoco habían considerado invitar a las clases populares y mayoritarias -indios y mestizos- a su movimiento. La decisión de recurrir al pueblo fue una reacción al descubrimiento de su conspiración, una planeada originalmente sólo por y para la élite criolla provinciana que buscaba la revancha contra el golpe dado por los propietarios españoles en 1808, ese encabezado por Gabriel de Yermo que buscó impedir que la prisión de Fernando VII en Francia fuera el disparador en México de un cambio en la correlación de fuerzas entre peninsulares y criollos. Finalmente, en tanto un intento violento por modificar la estructura del poder político, a corto plazo la empresa de Hidalgo fue un fracaso: sus líderes fueron ejecutados, las clases subordinadas fueron brutalmente castigadas y la economía minera -centro de la prosperidad colonial- entró a un proceso de declive que sólo se revertiría ochenta años más tarde. Así pues, desde el hoy y aquí lo históricamente significativo es, entre otras cosas, lo inesperado, anárquico y brutal del levantamiento de masas en El Bajío de 1810 en contra de la minoría blanca de propietarios y gobernantes que les había explotado por siglos. Un levantamiento cuyo líder no confesó de entrada a sus entusiastas seguidores cual era su auténtico objetivo; un objetivo de clase propiciado por la división y lucha entre los dominadores -Hidalgo representaba a una parte de la Iglesia mientras Abad y Queipo a la otra, Allende representaba a una parte de los militares y Calleja a la otra- y por la crisis de la estructura del sistema internacional de dominación originada en la Revolución Francesa y en el éxito militar inicial de Napoleón.

LA REVOLUCIÓN

Inmediatamente después de que la dictadura de Porfirio Díaz cerró con broche de oro su bien programado festejo del primer centenario de la independencia, estalló la rebelión política encabezada por Francisco I. Madero, rebelión que desembocaría en un cambio de régimen. ¿Qué es lo políticamente significativo para el México de hoy de esa crisis que se inició hace casi un siglo? Sin pretender que sea una lista exhaustiva, la respuesta puede incluir los siguientes puntos. En primer lugar, la unidad disfuncional de la unión del gran poder económico y el político, pues el Porfiriato es un ejemplo de libro de texto de lo que es un gobierno oligárquico. Luego, el enorme riesgo que implica tener una clase política despegada y ajena a las formas de vida y demandas de una mayoría que ya no sentía ninguna identidad ni lealtad hacia el entramado institucional. El congreso no representaba a nadie fuera de si mismo, los gobernadores no eran otra cosa que dictadores locales y los medios de comunicación -la gran prensa encabezada por el mal llamado "El Imparcial"- estaban enteramente subordinados a los intereses del poder político y económico. El uso del poder despegado en extremo de los intereses de la mayoría, desembocó en una estructura social deforme, monstruosa, tal y como la describió en su momento Andrés Molina Enríquez. La inutilidad de los procedimientos electorales, su falta de legitimidad producto de su obvia manipulación por la minoría poderosa, permitió que un representante de las clases propietarias que había sido marginado políticamente -Madero-, encontrara seguidores en unas clases medias estranguladas por la falta de movilidad social e invitara con éxito a la rebelión de las clases populares. Estas terminaron por responder al llamado a la insurrección de manera no muy diferente a como lo habían hecho con Hidalgo un siglo antes, y su respuesta más contundente ya no fue en El Bajío sino en su equivalente, en las zonas con la transformación económica más acelerada: el Norte y ese emporio agroindustrial azucarero que era Morelos. No tardaron los líderes de la Revolución en traicionar su compromiso con la democracia política y por eso buscaron su legitimidad en un compromiso con la democracia social y la independencia. Sin embargo, al final, ninguno de esos dos objetivos se cumplieron y en el 2000 los herederos de la revolución triunfante tuvieron que ceder, si bien parcialmente, el poder a sus antiguos críticos de derecha: los panistas.

DILEMAS

Para quien hoy está a cargo del Poder Ejecutivo y del aparato burocrático federal, encabezar la conmemoración del estallido de dos rebeliones sociales no ha de ser tarea fácil. Para la derecha celebrar las destrucciones de los entramados institucionales es un contrasentido. Porfirio Díaz, pese a que en sus orígenes fue un liberal rebelde, terminó por caminar como sobre ascuas en su esfuerzo por presentar a los héroes de la independencia como modelos políticos, de ahí la importancia que dio a la reconciliación de 1821, encabezada por alguien que cambió de chaqueta y cuya honradez no pasa ninguna prueba histórica: Iturbide. El actual gobierno tiene, además del problema de estar obligado a rendir honores a un nuevo grupo de insurgentes: los de 1910. Para hacerlo tendrá que buscar minimizar, si no es que eliminar, ese contundente "al diablo con sus instituciones", de Hidalgo, Madero y muchos más. En realidad, es la oposición la que se encuentra hoy en la mejor posición para darle un significado sustantivo al bicentenario y al centenario. Después de todo, para ella los reclamos de Morelos o de Zapata y Villa siguen vigentes y puede reinterpretarlos sin problemas. En conclusión, no se necesita ser adivino para suponer que en el 2010 vamos a tener un arco iris de celebraciones e interpretaciones de donde escoger la que más nos cuadre, y que la actual crisis de México se reflejara, y muy bien, en los espejos que nos ofrecen 1810 y 1910.

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septiembre 14, 2007

Para festejar la "independencia"

Tomado de El Chamuco

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Análisis

Poder contra poder
Tomado de Milenio. Ver artículo en sitio original, de click aquí.
eibarra@milenio.com
No se trata del dinero. Es cierto lo que dicen los concesionarios de la radio y la tv. La cifra de inversión política-publicitaria en los medios, aunque sea escandalosamente grande, afecta sólo marginalmente sus ganancias. Tampoco se trata, y en eso mienten descaradamente, de un intento de amordazarlos, de un atentado contra la libertad de expresión. ¿Cómo quienes dieron la espalda en el 68 a lo que sucedía en el país se atreven a hablar de esto? ¿Cómo quienes sirvieron como soldados al viejo régimen son de pronto tan desmemoriados? Menos todavía se trata de que una “partidocracia” secuestre a la democracia o, peor todavía —y ya en el colmo del simplismo—, de una venganza de los vencidos en 2006. Qué va. Esas sólo son fórmulas propagandísticas. Se trata pura y llanamente de que no quieren los medios, no se resignan a dejar de fungir, sobre todo la televisión, como gran elector en los comicios y se trata también de un Senado que se alza con dignidad, unido, para darle en nuestro país finalmente una oportunidad real a la democracia.

La incipiente, precaria y ahora tan llevada y traída democracia mexicana ha vivido secuestrada por el poder del dinero, hoy convertido en el más encendido de sus defensores. Los medios electrónicos, es preciso reconocerlo, jugaron un papel protagónico en la defenestración del régimen autoritario. En 2000 las grandes cadenas, en un gesto que las honra, dejaron de servir al gobierno y abrieron las puertas a la alternancia. Así, millones de mexicanos acudieron por primera vez a las urnas liberados, parcialmente al menos, de la opresiva y omnipresente propaganda oficial, con distintas opciones ante sí —es decir, en la pantalla— y expulsaron al PRI de Los Pinos.

De poco sirvió esta victoria histórica. Vicente Fox Quesada desperdició miserablemente la oportunidad; traicionó el mandato popular y se puso de rodillas ante la televisión, sometiéndonos así, a todos los mexicanos, a los designios y caprichos de un nuevo y distinto tipo de autoritarismo. Autoritarismo que no se ejerce necesariamente desde palacio y que convierte a este en una más de sus dependencias.

Fascinados los medios —y fundamentalmente la tv— por lo que consideraron su victoria; la de Fox. Posible —pensaron y no sin cierta razón— más por el trabajo en pantalla que por los votos ciudadanos. Liberados además del sometimiento a los gobiernos de la revolución, que sabía cómo mantenerlos a raya (a punta de amenazas sobre sus concesiones y de refrendos y ampliaciones discrecionales de las mismas) y convertirlos en parte de su instrumental de gobierno, se dedicaron a prefigurar, muy a la americana (donde la tv define la última intención de voto) y con la complicidad de Fox, que no sabe vivir fuera de cámara, una democracia a la medida de sus intereses.

Hoy, cómo habrían de aceptarlo, no toleran que esta realidad, la del poder público postrado ante la tv y con ella y por ella ante el dinero, se modifique así sea un ápice. Por eso este revuelo, estas horas y horas de pantalla, esta ofensiva contra la reforma electoral no se trata de dinero, como dicen, sino de la lucha de un poder, el de unos pocos, que pretende perpetuarse en el trono contra otro poder, el que representa a muchos, que pretende recuperar la soberanía perdida y que en definitiva no pertenece a los senadores sino a los ciudadanos, que al emitir su voto los llevaron a esas curules en las que hoy, al legislar y al hacerlo con razón, dignidad y patriotismo no hacen sino cumplir con su tarea.

Al abdicar ante los medios electrónicos de la soberanía que el pueblo le diera, Vicente Fox les extendió patente de corso. Hoy a los concesionarios les cuesta trabajo entender su condición y su tarea; son sólo “medios”, prestan un servicio público. Jugar ese papel primordial de puente, de intermediación en la sociedad les parece poco. Quieren más; gracias a la traición de Fox tuvieron más; lo tuvieron todo.

Se cierne sobre el país algo más que barruntos de tormenta. La tentación autoritaria de quienes no se resignan a perder parcelas de poder que no ganaron por votos sino por el peso de su influencia desmedida; ese desdén manifiesto por las instituciones, la demolición, casi golpista, que se pretende, que se alienta por todos los medios, de uno de los poderes del Estado, o de sus designios soberanos, es sólo un acicate para aquellos que no ven otra salida que la vía armada. El único antídoto a la mano es liberar a nuestra democracia de las ataduras que la mantienen como rehén del poder del dinero y hacer, por otro lado, para que no sea una fórmula hueca, que su sistema de contrapesos produzca ya justicia social.

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septiembre 08, 2007

Agenda Ciudadana

Agenda Ciudadana

Lorenzo Meyer

Los (verdaderos) peligros para México
Jueves, 06 de Septiembre de 2007
(Publicado en Correo y Reforma)

UNA FRASE QUE LLEGÓ PARA QUEDARSE

Los verdaderos “peligros para México” están entre nosotros desde hace mucho, son herencia de viejas políticas. Tras las elecciones del 2006, esos peligros siguen en su sitio, imperturbables, y todo indica que van ganando la batalla

En un momento crítico de la campaña presidencial del 2006, la mercadotecnia del equipo de Felipe Calderón acuñó la que sería la frase oficialmente ganadora: que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) era “un peligro para México”. La idea de la izquierda como peligro tuvo éxito porque fue acompañada de un auténtico blitzkrieg televisivo que dejó grabada en la mente de muchos votantes, sin necesidad de aportar pruebas, que Hugo Chávez, el presidente de Venezuela y AMLO eran, en la práctica, uno y lo mismo, que el triunfo del tabasqueño en las urnas llevaría a la perdida de la certidumbre económica y de la libertad política.

Quizá la tesis que el profesor Drew Western –experto en neurociencia y psicología política- expone en su libro El cerebro político. El papel de las emociones al decidir el destino de la nación, (Nueva York, Public Affaires, 2007), sea exagerada, pero explica lo que sucedió en México en el 2006. Según Western, el ciudadano real está muy lejos del modelo racional que imaginaron los teóricos de la Ilustración. Los experimentos del profesor sobre la actividad cerebral ante estímulos provenientes del discurso político, muestran que las reacciones del individuo receptor –su aceptación o rechazo frente a los candidatos y sus posiciones- suelen ser más un producto de las emociones que de la razón. Así, cuando ya hay una cierta predisposición por razones de clase, religión u otras similares, frases como “peligro para México” o “Mesías tropical”, pueden tener mayor efecto que cualquier argumentación basada en hechos comprobables.

DE LA FUENTE

Al examinar se manera objetiva, el entorno mexicano actual, es posible comprobar que el auténtico peligro para México no estaba en la plataforma de la oposición y su modesta propuesta de cambio, sino en la permanencia del actual arreglo entre el gobierno y los poderes de facto. Veamos algunos ejemplos de situaciones que siguen sin modificarse y cuyos efectos constituyen peligros mayúsculos. Para descubrirlo no es necesario acudir a los discursos de AMLO –quien, por cierto, en Puebla definió al congreso federal dominado por la alianza PAN-PRI como un peligro para México- sino al de personajes que son la esencia misma del establishment.

El rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Juan Ramón de la Fuente , es un buen ejemplo. No hace mucho el rector preguntaba: "¿dónde está el Estado mexicano, dónde ha estado?, si éste no va a asumir sus responsabilidades en educación, salud y seguridad, ¿para qué queremos un Estado?", ( La Jornada , 24 de agosto). Sólo tres de cada diez jóvenes en edad de recibir educación superior acceden a ella. Y sin una educación en cantidad y calidad adecuadas, México corre el peligro de quedar atrás en una enloquecida pero inevitable carrera mundial donde China –que gradúa a 600 mil ingenieros al año- avanza a una velocidad tres o cuatro veces mayor que la nuestra. En el 2001 Vicente Fox no cesaba de repetir que la mexicana era la novena economía del mundo, pero hoy ya descendimos seis lugares en esa escala y seguimos cayendo.

Tres días más tarde, De la Fuente subrayó otros de los peligros. El Estado mexicano no sólo no ha asumido su responsabilidad en materia de seguridad, educación y salud, sino que tampoco ha atacado de frente otros “signos ominosos”: la pobreza y la desigualdad. En el fondo, todas las deficiencias mencionadas se explican por la ausencia de un verdadero proyecto de desarrollo nacional ( La Jornada , 27 de agosto). Los motivos del rector para asumir el papel de Jeremías bien pueden estar ligados a los procesos de sucesión de la UNAM , pero eso no le quita un ápice a lo justo del diagnóstico.

JESÚS SILVA HERZOG

El ex secretario de Hacienda de José López Portillo y por un tiempo también de Miguel de la Madrid , acaba de publicar un libro sobre su experiencia dentro del círculo del poder –A la distancia, recuerdos y testimonios, (Océano, 2007)- y en una entrevista resumió así el drama nacional: “no hay idea clara de hacia donde ir”. Y es que “Cumplimos en forma aceptable [controlar] el déficit fiscal, bajamos y controlamos la inflación, el Estado dejó de participar en la actividad productiva, las reservas del Banco de México son hoy históricamente altas…y sin embargo el país no crece. Llevamos 25 años con un crecimiento mediocre”. Desde los 1980 y siguiendo lo exigido por el famoso “Consenso de Washington”, México sacrificó el crecimiento en el altar de la estabilidad macroeconómica. Para salir de la trampa de esa estabilidad estéril, se necesita, en primer lugar, de un gran liderazgo político, y eso, justamente eso, es lo que hoy no existe, ( La Jornada , 22 de agosto).

La estabilidad sin crecimiento de la que hablan Silva Herzog y muchos otros, lleva, entre otras cosas, a que por falta de los recursos necesarios para desarrollar su vocación, el único premio Nóbel de México en una ciencia dura –Mario Molina- hoy desarrolle el grueso de su actividad en Estados Unidos. Por igual razón un joven trilingüe (español-inglés-japonés), con dos maestrías y una candidatura al doctorado en economía internacional, debe sobrevivir desempeñando una tarea para la que sólo requiere saber leer y escribir: la de chofer de taxi ( El Universal , 29 de agosto). ¡Vaya manera de desperdiciar recursos escasos ya invertidos, capacidad productiva y vocación!

UNA VISIÓN EXTERNA

De tarde en tarde México es visitado por premios Nóbel de economía. Acaba de estar entre nosotros el premio del 2006, Edmund Phelps, profesor en la Universidad de Columbia. El economista señaló otro de los “peligros para México”: la corrupción. Ese mal endémico de México favorece la persistencia de una de nuestras peores características históricas: la desigualdad social extrema. En efecto, Phelps sostiene algo que es evidente, pero que adquiere mayor peso cuando lo dice un experto en el tema: “Ingresos altos en diversos sectores resultan de la retribución de actividades ilegales, como tráfico de drogas y sobornos en el gobierno y las empresas”, (El Universal, 27 y 28 de agosto).

El profesor Phelps hubiera podido muy bien añadir que los enormes monopolios que ahogan la competitividad de la economía mexicana son también resultado de relaciones ilegítimas e ilegales –corruptas- y finalmente inmorales, entre empresarios y funcionarios públicos. La existencia de monopolios es una prueba clara y extrema de que el sistema de control burocrático y de justicia formal, simplemente no funciona, ya que la constitución prohibe expresamente los monopolios.

En un ambiente de relaciones corruptas y, por tanto, de inseguridad jurídica como es el caso de México, dice Phelps, la contribución potencial de los emprendedores, de esas personas con iniciativa y dispuestas a asumir riesgos y crear nuevas actividades o a mejorar o expandir las existentes, no se puede desarrollar a plenitud y la dinámica económica pierde así uno de sus mejores acicates. Para el profesor Phelps, el empleo informal es otro de los grandes lastres para una economía que casi no crece, como la nuestra. Ahora bien, el gran problema es que sin esa economía informal, ¿a dónde irían aquellos mexicanos que buscan empleo y que aún no se han marchado a Estados Unidos como parte de ese ejército conformado por cientos de miles de trabajadores documentados o indocumentados? ¿Hasta donde el empleo informal que crece sin cesar es una de las causas de nuestros males económicos y hasta que punto es simplemente un síntoma o resultado de esos males?

LOS VERDADEROS PELIGROS PARA MÉXICO

De haber sido cierto el motivo de alarma de la derecha en el 2006 –que un triunfo electoral de AMLO hubiera puesto a México en peligro-, hoy la realidad tendría que caracterizarse por el optimismo y la certidumbre. Sin embargo, no parece ser ese el caso.

Y es que la gran oportunidad que abrió el calendario electoral en el 2006 para examinar, debatir y definir de manera clara la agenda nacional, simplemente se desperdició. Al centrar el debate en torno a la personalidad “mesiánica” del líder de la oposición, los beneficiados por el actual estado de cosas lograron apartar la mirada colectiva de los verdaderos “peligros para México”. Sin embargo, ese “triunfo” de las fuerzas conservadoras no pudo ser sólido y ahora todos tenemos que volver a enfrentar la gran incógnita: quién, cómo, cuándo, de qué forma y con cuales recursos vamos a enfrentar los auténticos peligros para México.

NOTA;

Los mejores deseos de "Agenda Ciudadana" para José Gutiérrez Vivo y para todo el equipo de Monitor, que retornan al aire.

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julio 27, 2007

El México panista neoliberal es igual de inequitativo que el México Colonial

Aunque algo retrasado, les entregamos este gran artículo del maestro Lorenzo Meyer en donde analiza la situación social de México y la compara con la de finales de la Colonia. Como ejemplo de la desigualdad social, expone que a finales del siglo XVIII el hombre más rico del país era el Conde de la Valenciana, cuya fortuna era de cuatro millones de pesos oro y representaba el 2% del Producto Interno Bruto (PIB); poco más de 300 años después, el hombre más rico es Carlos Slim y su fortuna era hasta hace unos meses de 49 mil millones de dólares que equivalen al 5.8% del PIB. Es decir, la brecha social ahora es superior. Y recordemos que hace tres siglos, con esas circunstancias, comenzó una violenta revolución social que, entre otros resultados, culminaría con la independencia de nuestra nación.
Va fragmento del artículo de Lorenzo Meyer. Para leerlo completo, de click aquí:

Agenda Ciudadana

Lorenzo Meyer
El conde de la Valenciana, y su época, han retornado
Jueves, 05 de Julio de 2007

UN PARTEAGUAS QUE NO FUE TAL

Los acontecimientos políticos en México hace siete años parecieron configurar un portento democrático, pero finalmente han quedado en eso, en mucha apariencia y poco contenido. Con el paso del tiempo –de muy poco tiempo, por cierto- lo que en su momento se consideró maravilla hoy es un espejismo, pues en la base del sistema político todo sigue sorprendentemente similar a lo que era: la inaceptable desigualdad de la estructura social, la insuficiencia del crecimiento económico, la mediocridad del sistema educativo, la justicia denegada o corrupta, la imposibilidad de llamar a cuentas a quienes abusaron del poder, las elecciones en un ambiente de dados cargados y terreno desnivelado y, en fin, que se mantiene casi intacta la lista de problemas que se vienen arrastrados de mucho tiempo atrás.

En el año 2000, la elección competida y democrática del primer presidente mexicano proveniente de la oposición pareció abrir la oportunidad de por fin experimentar un cambio político sustantivo, pacífico y ordenado (Es verdad que en 1911 Francisco I. Madero fue electo al cargo más alto de la República , pero para entonces él ya no estaba en la oposición sino que era el líder de un poder revolucionario triunfante y no tenía oposición sustantiva). En consecuencia, también pareció dable esperar transformaciones en todos aquellos campos donde la política podía actuar como la gran variable independiente –en ciertos aspectos de la estructura social, de la economía, de la impartición de justicia, de la cultura. Al final de cuentas, la gran promesa del cambio no logró siquiera sobrevivir el tránsito del discurso a la realidad.

Hace un año, en el 2006, pero en una atmósfera ya muy diferente, cargada de animadversión, desconfianza y encono, se volvió a entreabrir la posibilidad de una transformación profunda por la vía de la alternancia entre derecha e izquierda, la alternancia frustrada desde 1988 por el fraude. Sin embargo, esa vez la posibilidad duró menos que en el 2000 y el cambio se convirtió en continuidad, pero no como resultado de una contienda leal sino como producto de una serie de manipulaciones donde intervinieron la presidencia, los medios de comunicación, la vieja estructura corporativa del PRI –el SNTE- y las organizaciones empresariales.

México, como cualquier otra sociedad u organismo vivo, siempre está cambiando. Sin embargo, desde hace más de medio siglo su transformación ha sido más el resultado de la acción del tiempo, de la inercia, de procesos tecnológicos, económicos, sociales o demográficos, básicamente impersonales y bastante ajenos de la voluntad y de la acción deliberada y positiva de los agentes políticos.

En el año 2000, un partido autoritario –el PRI- tuvo que dejar el control del Poder Ejecutivo a otro de carácter conservador pero supuestamente democrático –el PAN. Siete años más tarde la euforia inicial, la ilusión de una nueva dinámica en la vida pública se ha disipado. Es más, la atmósfera política no ha vuelto a ser la anterior del 2000 sino que se ha enrarecido. La derecha se ha ensoberbecido, el dinosaurio priísta ha vuelto por sus fueron sin haber cambiado, y la izquierda está convencida de que el proyecto de quienes hoy controlan el poder no es otro que impedir que alguna vez la izquierda llegue a asumir la responsabilidad de conducir la nave de la política mexicana.

UN INDICADOR TAN TERRIBLE COMO REVELADOR

Ante la ausencia de voluntad política de quienes hoy controlan el poder en México para interferir con la inercia, las fuerzas que de manera incesante empujan al mantenimiento y a la profundización de la desigualdad social mexicana siguen su incesante labor de mantener al país con un perfil no muy diferente del que tenía en la época colonial. Y esta afirmación no es una exageración sino que tiene una base empírica espectacular: la acumulación de riqueza en manos de una sola familia.

Para documentar el calificativo de colonial de la estructura de la distribución del ingreso en el México actual, he echado mano de los datos contenidos en una ponencia que acaban de elaborar dos colegas de El Colegio de México: el doctor Gustavo Garza y la maestra María Eugenia Terrones, titulada “Condiciones generales de la producción en la Ciudad de México a fines del siglo XVIII”. Y es que al final de en ese tercer siglo de la vida colonial mexicana, el hombre con la mayor riqueza en Nueva España era un minero, el conde de Valenciana, cuya fortuna en 1791 se calculó en cuatro millones de pesos oro. Ese capital, y según las cifras de la época, representó el equivalente al 2% del producto interno bruto (PIB) de la entonces muy próspera Nueva España, calculado en 197 millones de pesos. Pues bien, el equivalente al Conde de Valenciana en el México actual es el ingeniero Carlos Slim Helú. El valor total de su fortuna se calculó en 2006 en 49 mil millones de dólares, es decir, el equivalente al 5.8% del PIB de un México que, en términos relativos, ya no es tan próspero como en el final de la época colonial. En realidad, el cálculo de Garza y Terrones ya es obsoleto, la velocidad de acumulación de Slim es sorprendente y hace unos días The New York Times (28 de junio) sugiere que posiblemente en este momento el multimillonario mexicano ya fuese el hombre más rico del mundo. Si el nuevo cálculo de 67.8 mil millones de dólares es correcto, entonces su fortuna ronda el 9% del PIB de México: ¡una concentración más cuatro veces superior a la superior de la época colonial!

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abril 03, 2007

El gran fracaso del Seguro Popular

Vicente Fox no sólo pasará a la historia como uno de los más grandes traidores a la democracia sino como un pésimo administrador, aunque eso en Guanajuato ya lo sabíamos. Primero el fracaso de la Megabiblioteca y ahora el fracaso del Seguro Popular. Lea esta nota que sale en La Jornada. Para verla completa en su sitio original, de click aquí.
No cumplió con sus metas de afiliación, dice la Auditoría Superior

Seguro Popular, otro fracaso de Vicente Fox

Usó estructura médica de IMSS, ISSSTE, Sedena, Pemex y privada

ENRIQUE MENDEZ

El Seguro Popular, utilizado en 2006 por Vicente Fox con fines electorales, es un programa que no cumplió -ni lo hará- con sus metas de afiliación, porque no consideró en sus proyecciones el incremento poblacional y utilizó la estructura médica de los institutos Mexicano del Segurto Social (IMSS), de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), de las fuerzas armadas y de Petróleos Mexicanos (Pemex), e inclusive recurrió a clínicas privadas para otorgar consultas, concluyó la Auditoría Superior de la Federación (ASF).

En el informe de la Cuenta Pública 2005, la auditoría determinó que aun el gobierno de Felipe Calderón no podrá cumplir con el compromiso de otorgar, en 2010, una cobertura total a la población que no tiene acceso a las prestaciones y servicios del Sistema Nacional de Salud.

Además, determinó que las partidas presupuestales del gobierno federal al Seguro Popular no serán suficientes para cubrir la demanda y que, de mantenerse el ritmo actual y la incorporación de padecimientos de alto costo, para el año 2025 tendrá un déficit de 430 mil 458 millones de pesos.

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febrero 20, 2007

La conspiración de los ‘tontos’


Haciéndose pasar por tontos, los ex miembros del gabinete foxista dejaron pasar el obús contra Felipe Calderón. Así, el chantaje comienza con “la tontería” de Vicente Fox, y la amenaza se consuma con el silencio del PAN y la ironía de Manlio.



Por Félix Arredondo

Tomado de Reporte índigo 23.


El tonto de la cabaña
“Los listos” han escrito cientos de páginas y hasta libros completos sobre “el tonto”. Historiadores, académicos, columnistas, caricaturistas y humoristas se mofaron durante seis años de sus tonterías.

Algunas de ellas fueron tan exitosas y célebres, que fueron compendiadas en libros de humor y musicalizadas en los “hits” de las canciones de la Banda del Son. Como aquélla de “Comes y te vas”.

Lo interesante del caso es que, a pesar de esto, o quizás por esto, “el tonto de la cabaña” pudo mantener un alto nivel de popularidad en las encuestas.

“El tonto de la cabaña” no sólo llegó a la Presidencia de la República, sino que se mantuvo en ella durante todo un sexenio sin que “los listos” nos explicaran el porqué del fenómeno.

Quizá, la explicación resida en el supuesto de que en los tontos no caben la mala fe ni la perversidad, porque ser tonto presupone un mínimo de inteligencia que no da para maquinar una maldad. Por eso, los tontos generalmente tienen fama de buenos. ¿Quién puede querer a los malos?

Casi nadie duda de que a un tonto lo puede hacer tonto su mujer, más si es una mujer que se empeña en parecer más lista que su marido. Es fácil que lo hagan tonto sus colaboradores, más si todos ellos creen ser más listos que su jefe. Es fácil que lo

hagan tonto sus hijos, más cuando son sus hijastros.

“El tonto”, por lo tanto, suele ser una víctima de “el listo”. Y como se supone que la mayoría de los tontos son buenos, entonces resulta más fácil aceptar que “el tonto” es víctima de los malos, que generalmente son “listos”.

El día que “el tonto” se pasó de listo

Es difícil que “el listo” se haga pasar por tonto, a menos que sea audaz y taimado. Aun así, resulta difícil que siempre pueda navegar con esa cara porque hasta el mejor actor, de repente, llega a cometer un error. Entonces, comienza la fatalidad. Y esto es lo que está empezando a suceder con el ex presidente Vicente Fox.

Los que se creían más listos, se empiezan a dar cuenta de que siempre fueron víctimas de “el tonto”. Como no hay “crimen perfecto”, a Vicente Fox se le fueron dos errores en sus más recientes reapariciones estelares.

El primero, cuando después de su intentona de asistir a la inauguración de las oficinas de la Democracia Cristiana en México, apareció como conferencista democrático en Los Ángeles.

Quizá porque ya está cansado, recurrió a uno de sus trucos para ganar las ocho columnas de los periódicos. Se hizo pasar por tonto al hacer Premio Nobel y colombiano, al escritor peruano nacionalizado español, Mario Vargas Llosa.

En su primera actuación, lo delató la lectura de lo que traía escrito en una “palm”. No dijo su tontería con la frescura de antes, pero, de todas formas, llamó la atención y atrajo los reflectores. Así, mató la nota de los que protestaban afuera del lugar donde dio su conferencia.

El segundo error fue esta semana en Washington. En su intento por deslegitimar a Felipe Calderón como Presidente de México, Vicente Fox confesó su intervención en la elección presidencial. “Tengo una pequeña historia qué contar. Yo tuve mi propio problema con el alcalde de la Ciudad de México, Andrés Manuel. “…18 meses antes de la elección, él rompió la ley. Decidió construir un camino en propiedad privada. Tenía un dilema de, por un lado, cumplir la ley y respetar la orden del juez o, por el otro lado, el reclamo de López Obrador de que su candidatura a la Presidencia se respetara. Fue una decisión difícil. Y perdí.

“Pagué el costo político, pero 18 meses más tarde yo tuve la victoria. El día de la elección, el candidato de mi partido ganó”.

La confesión es la reina de las pruebas

Pareciera una casualidad, pero no lo fue. La “tontería” de Fox del 12 de febrero en Washington se dio justamente a tres días, fin de semana de por medio, del discurso del general Guillermo Galván, secretario de la Defensa Nacional. El general Galván afirmó que “la legalidad del Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas reside esencialmente en el fallo de las Instituciones, y éstas han sido contundentes”.

Fox, por su lado, confesó que el fallo no había sido tan contundente. No sólo admitió cínicamente su intervención en el cuestionado proceso electoral, sino que no dejó lugar a dudas del alcance de ésta cuando afirmó que se desquitó de López Obrador.

El presidente del PRD, Leonel Cota Montaño, rápidamente respondió al exhorto de Fox. Señaló que su partido estudia con sus abogados la posibilidad de presentar la prueba superveniente, a partir de la confesión explícita de Vicente Fox.

Y es que, aun y cuando la elección de 2006 es cosa juzgada, la confesión del delito político de Fox no deja lugar a dudas.

La intención de la “ingenua” y “oportuna” confesión de Fox pudiera no parecer tan obvia. Otra tontería más, dirán algunos.

Sin embargo, la admisión de su conducta criminal tuvo un propósito calculado, premeditado y perverso. Su declaración fue vertida en Washington. En la ciudad en la que alguna vez el presidente del país más poderoso de la tierra, Richard Nixon, tuvo que renunciar por el escándalo del Watergate. Un caso de simple espionaje telefónico electoral.

Si el presidente Richard Nixon se vio obligado a renunciar ante la evidencia del espionaje electoral, ¿qué legitimidad les podría merecer a los demócratas norteamericanos el presidente Felipe Calderón, cuando su antecesor Vicente Fox confiesa abiertamente haber actuado como cualquier dictadorzuelo tramposo para, según él, imponer a su candidato?

¿Qué legitimidad pudiera merecer un presidente al que su antecesor trata de poner como su pelele ante el mundo? Por eso, dirán algunos, Andrés Manuel López Obrador no se equivocó al calificar a Fox como un traidor a la democracia.

Los otros socios “tontos” de la conspiración

Haciéndose pasar por tontos, los nuevos altos funcionarios del CEN del PAN, ex miembros del gabinete de Fox, dejaron pasar el obús contra Felipe Calderón.

El ex secretario de Gobernación y el ex secretario de Relaciones Exteriores de Fox, ahora atrincherados en el PAN del otro conspirador, Manuel Espino, se concretaron a lavarse las manos. Sin condenar las declaraciones de Fox, como si fueran tontos, se concretaron a decir que las palabras del ex mandatario sólo eran responsabilidad de él mismo.

El priista Manlio Fabio Beltrones, en tono irónico, completó el cuadro al decir que Felipe Calderón debería estar pensando: “no me ayudes compadre”.

Sonó casi como una burla que, en el fondo, esconde la eventual participación del sonorense en la conspiración de los “tontos”.

Se trata, pues, de decirle a Calderón lo que alguna vez le gritó López Obrador: “Eres un presidente espurio”. “Eres un presidente ilegítimo”. “Si estás ahí, es porque nosotros te pusimos”.

El chantaje comienza con “la tontería” de Fox. La amenaza se consuma con el silencio del PAN y la ironía de Manlio.

¿Podrá Felipe Calderón deshacer esta conspiración? ¿Cederá al chantaje? ¿La conspiración de los “tontos” se consumará con alguna evidencia documental filtrada que ponga al descubierto la “ilegitimidad” del presidente Felipe Calderón?

Parece que ya se ha rebasado el límite de lo políticamente correcto y de lo prudente. Ahora, Calderón deberá decidir si es Pascual Ortiz Rubio o Lázaro Cárdenas frente al fantasma de Elías Calles.

No hay duda de que “los listos” que se hacen pasar por “tontos” siguen creyendo que México es un país de tontos.

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enero 25, 2007

Helguera - Operación Fusil

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enero 24, 2007

Calderón sigue fusilándose las ideas de AMLO

Notas de La Jornada


El Presidente envía al Congreso iniciativa para regular salarios y tabuladores

Retoma Calderón proyecto de AMLO para ajustar sueldos de funcionarios

Se busca evitar la desproporción, el exceso, el abuso y la discrecionalidad en las remuneraciones, dice

JOSE ANTONIO ROMAN

El presidente Felipe Calderón envío ayer al Congreso una iniciativa de reforma constitucional de los artículos 73 fracción XI y 127, para ajustar los salarios y tabuladores de los tres poderes de la Unión, los tres niveles de gobierno y organismos constitucionales autónomos, como son el Instituto Federal Electoral (IFE), la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) y los tribunales agrarios, entre otros.

Al presentar la iniciativa de la ley de remuneraciones, el mandatario dijo que durante décadas uno de los temas que más han agraviado a los mexicanos son los ingresos que llegan a establecer para sí, de manera ''abusiva'', funcionarios de todos los órdenes de gobierno y de todos los poderes de la Unión, sin excepción.

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Si Calderón se fusila ideas que lo haga bien: Gómez

ANDREA BECERRIL , ROBERTO GARDUÑO

Mientras que en el Senado la iniciativa de reforma constitucional presentada ayer por Felipe Calderón fue calificada de ''mala copia'' de lo planteado por el Frente Amplio Progresista (FAP) para regular los sueldos de los altos funcionarios, en la Cámara de Diputados el anuncio de posibles reformas a los artículos 73 y 127 constitucionales fue bien recibido por legisladores de PRI, PRD y Convergencia.

En la casona de Xicoténcatl, el senador perredista Pablo Gómez advirtió que la iniciativa original, cuya autoría es del Frente Amplio, lleva ya un gran avance y podría aprobarse en febrero. Dijo que si Calderón va a fusilarse iniciativas de Andrés Manuel López Obrador o del PRD, que lo haga, ''pero bien'', porque la propuesta para modificar los artículos 11, 73 y 127 constitucionales, que dio a conocer ayer en Los Pinos, no incluye un aspecto toral, como eliminar los sobresueldos y pensiones millonarias de los servidores públicos de alto rango en los tres niveles de gobierno.

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enero 23, 2007

La verdad sea dicha 3

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enero 22, 2007

El peor enemigo del PAN es el PAN

Estrictamente personal
Raymundo Riva Palacio
22 de enero de 2007


El enemigo azul

Felipe Calderón, quien enfrenta a varios enemigos políticos, no tiene ante sí a nadie más agresivo y sin escrúpulos que al presidente del PAN

Manuel Espino, el presidente nacional del PAN, es un huracán que arrastra todo a su paso. Este viernes, durante una reunión en México de la Organización Democristiana Americana, de la cual fue ungido recientemente su líder, llevará invitado a Vicente Fox, cuyo gobierno ha generado bastantes lastres colaterales a la administración de Felipe Calderón dentro y fuera del país. A Espino le importa un comino todo esto. Apenas hace unos días, como si el foxismo no fuera un fierro caliente que decididamente Calderón trata de enfriar, incorporó a las élites del partido a tres ex secretarios de Estado, Carlos Abascal, Luis Ernesto Derbez y Pedro Cerisola, en una señal clara que lo que piense el Presidente también le importa un bledo.

Espino se ha convertido en el más aguerrido opositor del presidente Calderón, el más consistente en sus ataques y el más acertado en sus aguijonazos. Si siguieran su ejemplo los partidos que no están en el poder, algo podrían aprender de cómo dañar al Presidente. La ética política no está de su lado; menos aún la disciplina de partido. Sólo muestra su incomodidad porque Calderón le ganó en la contienda presidencial. Espino jugó con Fox y con el candidato de Los Pinos, Santiago Creel, y perdió la candidatura de un PAN. Durante la campaña presidencial trabajó en contra de Calderón, quien se la pasaba tejiendo acuerdos para que Espino llegara por las noches a destejerlos. La contracampaña de Espino le costó cuando menos, de acuerdo con cercanos de Calderón, unos tres puntos en la votación presidencial, que generó la pequeña diferencia ante Andrés Manuel López Obrador y el sustento para que la campaña postelectoral fuera aún más difícil y polarizante. Espino tampoco estuvo ahí para ayudarle. Con todo el Comité Ejecutivo Nacional se fue a España durante más de un mes, justo después del 2 de julio.

El último episodio de Espino tuvo como escenario Yucatán. Su gente de confianza, quien lo presentó y cabildeó por él cuando se lanzó por la presidencia del PAN, Ana Rosa Payán, renunció al partido la semana pasada después de haber perdido el proceso interno para la gubernatura de su estado, y acusó al gobernador Patricio Patrón -cercano de Calderón- de haber manipulado la contienda para imponer a su candidato. Y como se ha vuelto ya norma en la política mexicana donde los perdedores no aceptan la derrota, se fue a buscar la candidatura por otro instituto. Rápidamente, el PRD, en sus conocidas tácticas sin escrúpulos por conquistas electorales, le ofreció la candidatura. Payán no está sola; Espino está con ella. Escatológica forma de hacer política la del presidente del PAN. Como el Presidente no fue de él, le juega las contras, aun si esto significa que haga alianzas con el partido némesis de Calderón, el PRD.

Espino es el enemigo azul. Acecha a Calderón y lo hostiga en forma permanente. Lo reta y desafía frontalmente. "Espino no quiere aceptar que perdió con Calderón", dijo un cercano al Presidente, "que su candidato y el de Fox perdió y que no tiene la Presidencia". La molestia crece dentro del gobierno federal en contra de Espino, quien no las trae del todo consigo. Hasta el momento no le han hecho extrañamiento alguno ni se ha pasado a revisión su paso como dirigente nacional del partido. Las cuentas no son buenas. Más allá de los magros resultados electorales que dio el presidente del PAN, este partido se encuentra, como ninguno otro, en un profundo conflicto interno. No se trata de la pugna por el poder, como sucede en el PRD y el PRI, sino de que sus cuadros por todo el país están mostrando la descomposición que los lleva a matarse unos contra otros o a vivir en los límites del crimen organizado. Espino ha sido incapaz de meter orden a un partido que se le ha venido desbordando.

El último caso de descomposición total se dio en Guerrero, con el asesinato a principio de año del diputado local Jorge Bajos, presumiblemente ejecutado por panistas. Informaciones frescas sobre los posibles motivos del crimen se enfocan a las investigaciones que había iniciado Bajos en contra de panistas guerrerenses por supuestos chantajes y actos de corrupción. En el origen de estos conflictos, sin embargo, está la falta de conducción política de Espino. Bajos nunca fue panista, pero sí hombre muy cercano al actual gobernador Zeferino Torreblanca, quien al no poder meterlo en las listas del PRD como diputado local, lo metió en las del PAN. Al ganar lo hizo presidente de la Comisión de Presupuesto, a fin de manejar los dineros en el Congreso local. Espino dejó pasar esta película en cámara lenta hasta que se convirtió en una justificación para los instintos más bajos.

Espino, que se fue esta semana a Yucatán, no se ha parado en Guerrero. Tampoco se paró en Sinaloa cuando en mayo de 2005 el diputado panista Saúl Rubio fue ejecutado cuando transitaba por la carretera a Guasave. El ex diputado andaba en pasos, cuando menos, cuestionables. Saltó a la fama nacional en 2004 cuando en plena campaña por la gubernatura de Sinaloa acudió al funeral de Miguel Ángel Beltrán, El Ceja Güera, lugarteniente de Joaquín El Chapo Guzmán y uno de los hombres más sanguinarios del cártel de Sinaloa. Espino no dijo nada sobre esa relación extraña de su diputado. En las investigaciones, uno de los declarantes fue el presidente municipal de Sinaloa de Leyva, Wilfredo Veliz, también panista. Espino tampoco dijo nada. El crimen organizado se ha asomado al partido de manera violenta en la gestión de Espino. En noviembre pasado otro diputado panista, David Figueroa, sufrió un atentado en la carretera de Toluca, del cual salió con vida, al igual que su padre, quien meses antes en Agua Prieta, Sonora, de donde el legislador había sido presidente municipal, también sufrió un atentado. Agua Prieta es uno de los campos de batalla de los cárteles de la droga. Espino volvió a callar.

El PAN está dividido y sus facciones luchando agresivamente. El caso más llamativo se dio a principio de año, cuando el Comité Directivo del PAN en Aguascalientes inició un proceso para expulsar del partido a su gobernador, Luis Armando Reynoso, por "violaciones a la doctrina" y los estatutos. Insólito: el PAN queriendo destituir a su gobernador. Lejos de mediar, Espino mandó al secretario de Acción Electoral del partido a señalar que si se comprueban las imputaciones expulsarán a Reynoso. Aguascalientes, Guerrero y Yucatán están en efervescencia política. En el Distrito Federal también hay una competencia fratricida entre dos candidatos a dirigir el partido, un espinista y una calderonista. Son demasiados flancos abiertos en demasiado poco tiempo para el partido en el poder, sobre todo si está claro que es consecuencia de la agresión sistemática del presidente del PAN en contra del Presidente de la República. Pero ya nada es extraño. La política mexicana está hecha de ardidos, no de profesionales.

rriva@eluniversal.com.mx

r_rivapalacio@yahoo.com

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enero 18, 2007

la verdad sea dicha. Programa 2

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enero 16, 2007

Informe de los primeros 45 días de Calderón

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enero 15, 2007

El PAN quiere ser como el PRI

El PRIAN sí tiene quien le escriba

El PAN me encanta porque es un partido con ansias de superación. No le basta con ser el PAN que, como quien dice, tiene su chiste pero a los panistas ya les resulta poca cosa. Ahora está decidido a ser como el PRI. No el de ahorita que es muy deprimente y decadentista, sino aquel entrañable viejo partido tricolor del carro completo, del que se mueve no sale en la foto; el del no somos ni de izquierda ni de derecha sino todo lo contrario; el PRI que, gracias a sus encantos, se apoltronó 70 años en el poder como lo que se conoce bajo el muy vargasllosiano término de La dictadura perfecta.

Y bueno, tamaña aspiración tiene su lógica; después de tantas concertacesiones con los priistas los del blanquiazul no pudieron resistir la tentación y han terminado seducidos, cual féminas en película de Mauricio Garcés (el PRI los trae muertos), por sus muy folclóricas formas de hacer política, cuyas bondades son contundentes e inobjetables con roqueseñal incluida.

Por eso hoy, hoy, hoy, vemos al PAN, con Calderón por delante, empeñado en superar al PRI en materias donde los choznos de don Plutarco parecían imbatibles como la proliferación de orgullos del nepotismo, la consolidación de riqueza inexplicable y, en la cúspide de sus logros, el alza indiscriminada de la canasta básica a niveles que casi nos hacen añorar el horror de diciembre, la renovación moral de Miguel de la Madrid y la defensa perruna del peso del entrañable López Portillo. Conseguir que las tortillas, tan humildes y tan vilipendiadas por la cultura de la anorexia tan de moda en nuestros días, se transformara en un santiamén en un objeto de status, es uno de los logros más salinistas y sorprendentes de los blanquiazules. Sobre todo si pensamos que, en un esfuerzo por demostrar que son más necios que los del Cruz Azul que se niegan a reconocer su vergonzosa debacle futbolística, no sólo salieron buenos para la alquimia electoral sino que han puesto a la tortilla a un nivel que hasta los Beckham encargaron varios kilos para saciar sus ansias metrosexuales.

Ya en el colmo de la transmutación genética, el PAN tiene su propio ex presidente incómodo y, para rematar, en Guerrero ha organizado un compló carnicero donde como la perra es brava, hasta los de la casa muerde.

Aunque no hay nada más difícil que vivir sin PRI y México tan generoso, ¿podrá sobrevivir a dos PRI’s, el original y su copia al carbón? (carbón, dije carbón).

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enero 13, 2007


Y en la calle, el pueblo muere de hambre.
En el siglo XVIII el pueblo francés se amotinó porque había escasez mientras que en el palacio de Versalles, el rey Luis XVI y Maria Antonieta hacían tremendos banquetes. Cuando la reina Maria Antonieta escuchó las protestas del pueblo preguntó: "¿Por qué protestan?" "Porque no tienen pan para comer, mi reina", le contestó una mujer de su comitiva. "Pues que coman pastel entonces", respondió la insensata reina. Años después, estalló la Revolución Francesa y el pueblo guillotinó a los frívolos reyes.

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enero 11, 2007

NI máis

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